viernes, 27 de abril de 2012

Porque no todo es lo que parece.

Cuando somos pequeños soñamos con cosas pequeñas y sencillas, un helado de chocolate, una muñeca nueva o esa bicicleta que tiene tu amiga. Cuando nos hacemos mayores nuestros sueños cambian y se vuelven difíciles al igual que nosotros, y de repente la muñeca se convierte en un vestido nuevo, el helado de chocolate en unos tacones y la bicicleta nueva en el amor de tu vida, y muchísimas cosas más que ni te imaginas.


 Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan con la realidad, porque la verdad es radicalmente distinta a lo que uno crees que es. Porque las personas no siempre son lo que aparentan ser, ni las relaciones, ni los amigos, y esa realidad es la que se encarga de poner a cada uno en su sitio. Porque uno puede creer que es negro pero en realidad puede ser blanco, y cuando uno cree que es blanco probablemente puede que sea de todos los colores del arco-iris. Uno sabe como empiezan las cosas, pero nunca como acaban.